martes, 5 de diciembre de 2017

Después de la sentencia de la megacausa fueron liberados cinco represores de la ESMA

Las consecuencias de las penas bajas

El tribunal autorizó la libertad condicional de cinco condenados, dos ya estaban con prisión domiciliaria. Todos recibirán una pulsera electrónica. La fiscalía y las querellas se quejaron de la falta de proporcionalidad de las penas en relación con los delitos.

Por Alejandra Dandan - imagen: Leandro Teysseire

Llegó el primer efecto de las condenas bajas de la ESMA. El Tribunal Oral Federal 5 liberó a cinco integrantes del Grupo de Tareas 3.3.2 condenados la semana pasada a penas de entre 8 y 11 años de prisión. Los cinco formaron parte del Grupo de Operaciones Especiales de la Armada (GOEA), la estructura operativa que a partir de 1981 se integró al GT. Y todos son conocidos como parte del Informe Basterra, aquel trabajo presentado por Víctor Basterra ante la Justicia en 1984 que reúne datos y las fotos que les hizo a los represores mientras estaba como prisionero en el centro clandestino de la Armada. El TOF tomó la decisión de excarcelarlos luego de una audiencia convocada de modo urgente a pedido del Ministerio Público Fiscal. A la audiencia concurrieron todas las partes. Fiscalía y querellas plantearon oposiciones sobre la base de la nueva ley que protege la vulnerabilidad de las víctimas de crímenes aberrantes y explicaron allí la decisión de apelar el monto de las penas porque las consideran desproporcionadas frente a la magnitud de los crímenes. Uno de los liberados –Héctor Francisco Polchi– fue condenado a 11 años por 65 secuestros y 67 tormentos cuando la pena prevista para un robo con arma, por ejemplo, tiene una escala prevista de 5 a 15 años de prisión. 

“Yo no hablé desde lo jurídico sino de lo que significa que estos genocidas estén en libertad para nuestra seguridad como sobrevivientes”, dice Carlos Lordkipanidse luego de la audiencia y a poco de terminar su presentación frente a los jueces. “Hay que ponerse en el lugar de Víctor Basterra porque cada uno de los tipos que largaron, cada uno de ellos, fue posible reconocerlo solamente por las fotos que él sacó. También estuvo todo el trabajo que hicimos nosotros desde la Asociación (de ex Detenidos) porque al comienzo sólo tuvimos una foto y un apodo, y después hubo que identificar quién era quién, hacer reconocimiento de fotos, buscarlos, porque en muchos casos el poder judicial no se dedicó a hacerlo ”. 

La preocupación por las libertades comenzaron la semana pasada, en el mismo momento que el tribunal leía la sentencia. Al escuchar estas condenas, fiscales y querellas explicaron el problema que se venía: primero por el monto de una parte de las penas y segundo porque sonaron desproporcionadas frente a los hechos imputados. Y ese dato fue confirmado durante la misma lectura de la sentencia por las disidencias que se iban escuchando en el fallo en minoría de uno de los jueces, Daniel Obligado. Obligado dictó en todos los casos penas más altas con los parámetros del juicio anterior, concluido en 2011. 

Pero el miércoles, en la sala, se escucharon las primeras voces de alarma. Una de ellas fue la del coordinador de la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad, Jorge Auat. Y ayer en diálogo con este diario la fiscal Angeles Ramos explicó la desproporcionalidad. “La consecuencia del veredicto es que la pena se volvió desproporcional en relación a la magnitud del daño causado”, dijo. “ Lo que se advirtió en el veredicto es que se perforó por muy poquito los montos por encima de los mínimos para la cantidad de hechos que el Tribunal probó”. Los fundamentos deberán explicar lo que el jueves quedó esbozado: la relación entre hechos y penas.

En este caso, el beneficio alcanzó a: Héctor Polchi, condenado a once años, Patricio Oscar Altamira, de la Sección Operaciones del GT 3.3.2, condenado a 8 años y seis meses de prisión por 23 secuestros, 25 tormentos y 2 casos de privación ilegal de menores de edad; Daniel Humberto Baucero, del GT, condenado a 10 años por 34 secuestros, 36 tormentos y 3 casos de privación de un menor; Juan de Dios Daer, condenado a 8 años por 6 secuestros y 7 tormentos y a Antonio Rosario Pereyra, condenado a 10 años por 12 secuestros y 11 tormentos. Todos ellos integraron lo que la acusación fiscal denominó GOEA. “En el año 1981 existió lo que se llamó el Grupo de Operaciones Especiales de la Armada, que sumó a la estructura represiva trabajando coordinadamente con la Jefatura de Inteligencia Naval (JEIN). Los legajos de la Armada desclasificados señalaron que sus integrantes realizaron tareas ‘operativas, riesgosas, secretas y militares’. Basterra declaró sostenidamente en todas las instancias que le tocó que el GOEA ‘era lo mismo con otro nombre’. Y se dividía como todo Estado Mayor con sus cuatro departamentos”, señalaron en el juicio los fiscales Mercedes Soiza Reilly y Guillermo Friele. 

Las condenas probaron que el grupo existió, pero también están diciendo que les quitaron las acusaciones por homicidios imputados para esa época, entre ellos el asesinato de Jorge Julio Villar. Para todos ellos la fiscalía había pedido perpetuas. “La audiencia de ayer se fijó a pedido del fiscal Abel Córdoba para que las víctimas puedan dar su opinión de acuerdo a la nueva ley de víctimas”, explicó Liliana Alanís, de Justicia Ya! “La ley dice que para todas las cuestiones que tienen que ver con la libertad debe escucharse a las víctimas. Nosotros dijimos que la ley está vigente. Que corresponde escuchar a las víctimas. Y también adelantamos que nos oponíamos a la excarcelación. La fiscalía le pidió al Tribunal un informe de riesgo sobre la situación de todas las víctimas antes de tomar una decisión. Pero eso era muy difícil en un proceso de excarcelaciones con 24 horas tiempo. Planteamos que no podían ser excarcelados porque están en juego crímenes aberrantes en un proceso que duró cinco años con 40 años de espera. Dijimos que víctimas y testigos son agredidos y amenazados y que si damos la libertad a los genocidas, en vez de ser el juicio más grande de la historia, se iba a transformar en el juicio de la impunidad. Pero el problema también es otro: el haber dictado penas tan bajas, inevitablemente lleva a que al momento de cumplirlas, sean dadas por purgadas”. En la audiencia estuvo el Cels. Y habló el abogado Rodolfo Yanzón sobre la cobertura mediática que aún tienen los detenidos. 

A las cinco de la tarde, el TOF había tomado la decisión de otorgarles la libertad condicional. Pereyra y Altamira ya estaban con domiciliaria. Todos recibirán pulsera electrónica para monitoreo. Los votos fueron de Obligado y Adriana Palliotti. Leopoldo Bruglia está de viaje desde el viernes pasado. 

viernes, 24 de noviembre de 2017

29/11 : Sentencia ESMA : 29/11 - 14 hs. : NI UN GENOCIDA SUELTO !!!


 
 Convocamos a acompañar la lectura del veredicto y a movilizar en las puertas del Tribunal, Comodoro Py

291/11  14 hs.




Contra todos los genocidas


POR TODOS LOS COMPAÑEROS


NI OLVIDO NI PERDÓN NI RECONCILIACIÓN

30.000 compañeros detenidos-desaparecidos : PRESENTES !!



 ASOCIACION 

EX DETENIDOS DESAPARECIDOS


lunes, 20 de noviembre de 2017

El juicio ESMA III revisa por primera vez la mecánica de los vuelos de la muerte.

La historia de un documento clave en la megacausa ESMA
“El traslado conducía a la muerte”

A pocos días del fallo en el juicio, PáginaI12 reconstruye la gestación y el alcance del “testimonio de París”, de 1979, donde tres mujeres sobrevivientes describieron el funcionamiento de la ESMA, los vuelos de la muerte y la apropiación de bebés.
Por Alejandra Dandan
Imagen: Helen Zout

“Somos tres mujeres argentinas, unas de las pocas sobrevivientes de un campo de concentración militar de nuestro país. Nosotras venimos del infierno”, así comienza el testimonio brindado en octubre de 1979 por Sara Solarz de Osatinsky, Alicia Milia de Pirles y Ana María Martí ante la Asamblea Nacional francesa. Es uno de los testimonios más importantes de la causa ESMA, elaborado durante meses y concluido en un apart hotel de Madrid con máquinas de escribir alquiladas y un grupo de sobrevivientes más amplio. Un texto al que aquellas mujeres le pusieron la voz y el cuerpo cuando estaban en libertad pero aún perseguidas por la Armada. El testimonio de París, como se lo conoce, reconstruyó con tanta precisión la dinámica del centro clandestino que hoy se lo considera como el primer intento nunca superado de sistematizar la arquitectura de la ESMA y contiene cierto carácter anticipatorio en su modo de organizar la información. El listado de quince mujeres que dieron a luz en el centro clandestino no equivocó hasta ahora ni un sólo sexo de los niños y niñas nacidos y robados de la ESMA, identificados recién años más tarde. Tampoco hay equívocos en lo que fue la primera y muy discutida reconstrucción de los “traslados”, el nombre que los marinos le pusieron a lo que más tarde se conoció como vuelos de la muerte.

A días de la sentencia del megajuicio ESMA III, prevista para el 29 de noviembre, con elementos para condenar a decenas de imputados, con final cada vez más incierto y en un debate que revisa por primera vez mecánica y responsabilidades en los vuelos de la muerte, Páginai12 reconstruye la historia de ese documento a partir de los testimonios de las tres mujeres en ocasión de los juicios y de un escrito preparado por una de ellas, al que accedió este diario, que da cuenta de los miedos y las discusiones que atravesaban la época. Para los investigadores, el listado que se lee como uno de los orígenes del modo de reconstrucción de pruebas que desde entonces elaboran los sobrevivientes adquiere mayor entidad con el paso del tiempo. En su alegato, los ex fiscales del juicio Mercedes Soiza Reilly y Guillermo Friele sumaron a este testimonio otros 24 listados hechos en los primeros años de liberación por quienes salieron del infierno. También fue una forma de homenaje. “El aporte realizado en el año 1979 por tres mujeres sobrevivientes de la ESMA fue esencial en la reconstrucción probatoria: en él se da cuenta de los detalles, del modo en que operaba el grupo de tareas –señalaron Soiza Reilly y Friele–. Estas mujeres, en este documento, relatan lo vivido dentro de la ESMA, listan a sus compañeros de cautiverio, mencionan la existencia de los vuelos de la muerte, de los nacimientos clandestinos, del actuar represivo y hasta del robo de bienes como parte del entramado ilegal desplegado. Es a partir de la valoración de estas huellas que la Justicia juega un rol importante en la construcción de la verdad.”


 Ana Maria
“Antes de dejarme salir, el Tigre Acosta me hizo firmar un papel. Decía que yo me había entregado voluntariamente. Nos dijeron que ya sabíamos lo que teníamos que hacer: que no olvidemos que nuestra familia estaba en Argentina, que nos iban a controlar, que teníamos que llamar de tanto en tanto a la ESMA, cosa que hice cuando llegué a Madrid”, dijo Martí en uno de los juicios. Ana María, casi dos años secuestrada, el último mes en compañía de sus hijos de 7 y 9 años, capturados en un operativo del Ejército. Cuando ella se enteró que ellos estaban secuestrados “pedí, mejor dicho imploré, que mis hijos sean entregados a mi padre, pero me respondieron que el Ejército quería retenerlos como anzuelo para detener a mi marido”. El 17 de noviembre la llevaron a una quinta operativa y al día siguiente le entregan a sus hijos. Habían permanecido en una comisaría. “Los hacían trabajar en tareas tales como revisar los bolsos de los familiares que visitaban a las detenidas. Mi hija Carmela de 7 años sabía perfectamente qué cosas podían entrar y cuáles no a la comisaría.” El 19 de noviembre de 1978 finalmente se tomó un vuelo a Madrid pagado por la Armada. Viajó con sus hijos pero también con Sara Solarz de Osatinsky. 

Sara
Sara declaró en innumerables ocasiones. Su testimonio sobre quince nacimientos a los que asistió en la ESMA fue una de las pruebas fundamentales del juicio por la apropiación de bebés. Lo que vivió, sin embargo, al salir del centro clandestino es uno de los relatos menos conocidos. Luego de aterrizar en Madrid, viajó a Valencia con Ana María y los niños y poco después tuvo que volver a la ESMA. 

“Desde el aeropuerto en Madrid, tenía que enviar, y envié, una tarjeta a una casilla de correo: llegamos bien, decía. Nada más. Era la única indicación que nos dieron. Nos quedamos en Madrid hasta las Navidades, el 24 viajamos a Valencia y después del 25 conseguimos un departamento a unos 12 kilómetros de ahí. Desgraciadamente, la dirección que había tenido que dar era la de la persona que consiguió el departamento.” El día 3 de enero de 1979, la persona llevó a alguien de visita a la casa de Valencia.

– Miren a quién les traigo –les dijo–: es un amigo de ustedes que no tenía la dirección, y buscaba a Valeria.

Sara era Valeria Linares. Los marinos le habían hecho un documento falso a nombre de una persona fallecida. Del otro lado de la puerta, estaba el prefecto Héctor Febres, encargado de las embarazadas y por lo tanto también parte de la estructura para la apropiación de bebés, quien murió envenenado con cianuro en la cárcel, cuando concluía el primer juicio a la ESMA, en el que el único imputado era él. “Febres entró y se adueñó de la casa, de la misma manera que se adueñaba de uno. Caminaba, abría la heladera. Además una de las cosas que nos contó, no delante de los chicos, era que venía por una operación que habían decidido realizar en el exterior: habían conseguido la dirección para matar a Jaime Dri, que se había escapado de la ESMA.” Lo que Febres decía, “todas las cosas que nos contaba ya desde antes en la ESMA, era la manera de ensuciarnos, no sólo de ensuciarnos, sino de comprometernos”. Al día siguiente, con los chicos muy alborotados porque sabían que ese hombre era parte de los que habían secuestrado a su madre, Sara le dijo que se fuera.

–Bueno –respondió él–, pero te vas conmigo y vamos a Roma. 

La obligó a viajar a Roma, por tierra, a bordo del auto que era de ellas. Ana María quedaba de alguna forma de rehén. “Habíamos quedado que yo hablaba por teléfono a Valencia y avisaba que había llegado bien. Y entonces cuando pasamos por una telefónica, estoy queriendo hablar y le digo a Febres ‘hay alguien que conozco’, para irme. Y entonces él, por supuesto, también quiere irse. Febres era cagón, no sé si estaba sólo, ni si iba a querer quedarse sólo. Nos fuimos. Empezamos a caminar y bastante lejos en una calle oscura se aparece la persona que vi en la telefónica.” Esa persona era Armando Croatto, un militante perseguido por la dictadura, la Marina había intentado secuestrarlo en Madrid a mediados de 1978. Finalmente lo mataron en septiembre de 1979. Cuando los vio en esa calle oscura, le dijo a Febres: “Largala, dejála libre, largala”. Febres le preguntó quién era, intentó matonearlo y Croatto insistió: “Tenés que largarla, dejarla en libertad. ¿Que es lo que querés?” Volvieron al hotel. Y una vez que levantó la operación, Febres llevó a Sara de nuevo a Valencia.

Poco después, ella volvió a Madrid, también obligada por la Armada. Y al intentar regresar a Valencia, le robaron todo lo que tenía en el aeropuerto. Entre todo, su pasaporte. Y ahí comenzó una odisea para conseguir sus papeles. Además del pasaporte falso, ella tenía uno argentino con otro nombre pero sin sellos de entrada al país. Necesitaba sellarlo. Así que le hicieron tomar contacto con un agente de la ESMA en el Museo del Prado para ponerle los sellos. Viajó a Buenos Aires. La llevaron a la Policía Federal para hacerle un pasaporte nuevo en el día y cuando volvió al avión para irse, la nave volvió a aterrizar en Ezeiza por un problema en las turbinas. “En Ezeiza, realmente no salía de nuevo el avión ya ese día. Salió al día siguiente. Pero yo no tenía posibilidad de quedarme en Ezeiza, me iba a secuestrar cualquier otra fuerza. Estaba en manos de ellos. Seguía en manos de ellos. Fue algo terrible. Tuve que hablar a la ESMA para decir lo que me había pasado. Y no sé si fue un guardia o un suboficial, alguien, me viene a buscar y me lleva a la ESMA. Y me llevan delante de Acosta, y me hacen esperar. No vi. Creo que me llevan al sector del Dorado. Me hacen esperar un rato y luego Febres me lleva nuevamente a un hotel y al otro día puedo salir a la mañana y vuelvo a Valencia. Esta es una de las partes que, bueno, no puedo decir que le sentí confianza, no puedo decir que sentí desconfianza. Creo que, no sé qué es lo que sentí. Sí puedo decir que fue algo muy terrible”.

Marzo de 1979. Las chicas ya habían decidido organizar una conferencia de prensa con un grupo de compañeros para cuando estuviesen en libertad. Febres todavía las controlaba. Sara debía escribir cartas pero en abril no escribió más. “Por eso, recibo una carta de Febres llena de palabras obscenas, como gritando, como si lo sintiera gritar. ¿Qué se piensan? ¿Qué creen? Estoy preocupado. Quería saber qué estaba pasando.” Sara contestó. Le dijo que trataba de rehacer su vida. “Que por favor no me molesten más, que tengo necesidad de eso, que habían pasado bastantes cosas y necesitaba paz.” En junio, entonces, comenzó a reunirse con un grupo de compañeros. Entre ellos, Ana María Martí y Alicia Milia de Pirles.

Alicia
Alicia dejó la ESMA el 19 de enero de 1979 con otro pasaje que pagó la Armada. “No recibo ningún tipo de dinero –dijo en el juicio–, la Armada solo me paga el billete. Escribo una tarjeta postal y nunca tengo contacto con ningún marino, nunca vi a nadie, nunca me contacté con nadie, sé que llamaban a la casa de mis padres, pero yo nunca volví a ver a ninguno hasta el día que los vi acá en la lectura de los cargos.”

Hacia el final del invierno europeo de 1979, los que habían salido de la ESMA con destino a Europa desde fines de 1978 se fueron encontrando en Madrid o en alguna ciudad de España, contó en unas notas preparadas en ocasión del juicio ESMA III. “Necesitábamos vernos, hablar, tratar de completar, confirmar los datos que cada uno había sacado, guardarlos en la memoria. Necesitábamos buscar explicaciones. Repensar lo vivido. Hallar la forma de transmitirlo, hacer conocer la experiencia. Hacer aparecer los nombres de los compañeros con los que habíamos compartido el cautiverio para orientar la búsqueda. Que se supiese dónde habían estado.” Hubo intercambios que iban y venían por correo con quienes habían salido a Venezuela. “Una voluntad compartida –explicó–: cómo comunicar no lo que sabía cada uno en forma aislada sino tramar los primeros nudos de una recopilación colectiva de los datos de lo atravesado en la ESMA.”

Luego de discutir si viajar a declarar a Estados Unidos surgió la alternativa de hacerlo ante la Asamblea Nacional francesa. En ese contexto, maduró la idea de organizar una conferencia de prensa en París.

Los vuelos
Las tres mujeres y otros compañeros se reunieron en un apart de Madrid con máquinas de escribir alquiladas. Escribieron y tacharon un documento “discutiendo como posesos”, contó Alicia, pero con el deseo de que el testimonio recogiera todas las memorias acumuladas. “Cada uno fue evaluando en qué condiciones estaba para afrontar el momento y si bien por distintas cuestiones personales varios fueron desistiendo, todos contribuyeron con sus experiencias, sus datos, sus sugerencias.”

En la mesa estuvieron muchos otros. Nilda Orazi, sobreviviente de la ESMA que había pasado por el campo clandestino del Atlético y había hecho su primera denuncia pública poco antes en Ginebra. Estuvieron Lila Pastoriza, Pilar Calveiro, Alberto Girondo, Andrés Castillo, Norma Burgos, Martín Gras y Graciela Daleo. Los sobrevivientes escribieron el documento, durante un período en el que fueron hablando con la Comisión Argentina de Derechos Humanos (Cadhu), es decir con Eduardo Luis Duhalde y Gustavo Roca, entre otros. Con ellos se organizó la presentación en París. 

“Había tantas cosas por decir –continuó Alicia–: individualizar a los compañeros y compañeras: sus nombres legales, sus apodos cuando no conocíamos otro, la fecha de caída, hasta cuándo los vimos o supimos de ellos. Y si no teníamos ni nombre ni apodo poníamos datos significativos que aparecían en el recuerdo de alguien: ‘tenía trillizos’; ‘era colectivero’; ‘ella nació en Jujuy’. Denunciar lo que sucedía con las compañeras embarazadas y con las criaturas que daban a luz en la ESMA, las sospechas y las certezas que fuimos teniendo de que esos niños nunca eran entregados a sus familiares. Testimoniar sobre Norma Arrostito, la fuga de Horacio Maggio, el Nariz; el secuestro de Oscar Degregorio, el Sordo Sergio, en Uruguay y su asesinato en la ESMA; el operativo que logró la caza de Rodolfo Walsh; los secuestros de madres, familiares y las monjas francesas. Y uno de los puntos más discutidos y difíciles: hablar del destino final de los compañeros con casi una total certeza: la muerte, que los represores llamaban traslados”.

Ese es uno de los puntos que, a 38 años de aquel documento, hoy cobra mayor relevancia en el juicio. Bajo el título de “Traslados”, escribieron:

“Los días miércoles, excepcionalmente los jueves, se realizaban los traslados. En un principio se nos decía que a los secuestrados se los llevaban a otras dependencias o campos de trabajo que decían estar cerca del penal de Rawson. Nos costó convencernos de que, en realidad, el traslado conducía a la muerte. El día del traslado reinaba un clima muy tenso. Los secuestrados no sabíamos si ese día nos iba a tocar o no. Los guardias tomaban medidas mucho más severas que de costumbre. No podíamos ir al baño. Cada uno de nosotros debía permanecer rigurosamente en su sitio, encapuchado y con los grilletes puestos, sin hacer ningún gesto para poder mirar lo que pasaba. Tampoco podíamos hablar ni llamar a los guardias. Todo eso ocurría en Capucha o Capuchita. El sótano era desalojado rigurosamente a las 15.30. Si algún secuestrado estaba siendo torturado, se lo subía al tercer piso. Aproximadamente a las 17 horas, en Capucha se comenzaba a llamar a los detenidos por un número de caso. Se los formaba en fila india tomados uno del otro por los hombros, ya que iban encapuchados y con grilletes. Los bajaban de a uno. Sentíamos el ruido que hacían los grilletes al caminar acercándose a la puerta, que se abría inmediatamente y se volvía a cerrar. Cada uno llevaba consigo solo la ropa que tenía puesta (...) Eran llevados a la enfermería del sótano donde los esperaba un enfermero, que les aplicaba una inyección para adormecerlos, pero que no los mataba. Así vivos eran sacados por la puerta lateral del sótano e introducidos en un camión. Bastante adormecidos eran llevados a aeroparque, introducidos en un avión que volaba hacia el sur mar adentro, donde eran tirados vivos (...) De los miles de detenidos que se fueron en los traslados colectivos nunca supimos más. Muchas veces encontramos la vestimenta que tenían los compañeros el día del traslado en una piecita –pañol–, donde se ponían la ropa que usaban los secuestrados.”

En las notas, Alicia explica que se dividieron los temas por grupos y después volvían a leerlos. Que, con “especial empeño”, decidieron “exponer los nombres y apellidos de los (marinos) que llegamos a conocer, a veces exactos, otros por fonética. Y si no, sus apodos, alguna señal que los individualizara: la voz, la tonada, un rasgo físico, gustos, formas de caminar. Su ubicación en la estructura del grupo de tareas, el grado, las acciones en las que participaron (...) Un documento colectivo que se había comenzado, tal vez sin expresarlo, a pensar y murmurar dentro de la ESMA”, explicó. Y que el 12 de octubre de 1979, en París, salió a la luz.

A Suiza
Luego de la conferencia de prensa salieron en tren a Suiza con todo lo que significaba el miedo a lo que podía pasar. “En esa conferencia nos hacían preguntas gente de revistas como Somos y otras de Argentina, preguntas comprometedoras –explicó Sara en la declaración–. Unos hombres inmensos que eran de la custodia de Mitterrand nos sacaron en autos y motos y nos llevaron hasta un lugar donde nos dejaron. Ahí firmamos cada hoja de las declaraciones de las tres”. 

Y entonces Ana María y Sara llegaron a Suiza.

En la ESMA, los marinos se pusieron como locos. Carlos Muñoz, uno de los testigos de esa furia, contó que discutieron la posibilidad de matarlos a todos. 

jueves, 2 de noviembre de 2017

Informe nº 17 Megacausa ESMA

1° de noviembre de 2017.

El Tribunal Oral Federal Nº 5 continuó con la audiencia semanal de los miércoles, donde los 54 imputados toman la palabra para decir sus últimas palabras. Hasta el momento sólo 11 lo han hecho.

Entre audiencias donde son convocados muy pocos imputados y de desarrollo temporal efímero, asistimos a una forma más de prórroga de la impunidad.
Transitamos audiencias de 15 minutos, de 40 minutos, de 1 hora y la de hoy de 17 minutos en salas vacias, sin ningún horario fijo. Reducidas a una vez por semana.

Nos preguntamos:
¿ Cual es la finalidad de prorrogar indefinidamente la sentencia?
¿ Responderá a la subordinación negacionista del Ejecutivo macrista?
¿ Responderá al inhumano próposito de perpetuar el dolor de familiares, sobrevivientes, compañeros y amigos de las 789 víctimas de la causa?
¿Hasta cuando abusarán de nuestra paciencia?

En nombre de todas las víctimas y simbolizadas en la Madre de Plaza de Mayo Pepa NOIA, fallecida esperando justicia por su hija Lourdes y por todos los detenidos-desaparecidos, decimos:
Señores Jueces, el mundo los está observando y ustedes solo tienen que trabajar.Queremos arribar al veredicto a la mayor brevedad.
La próxima audiencia será el 08 de noviembre a las 11 hs.

ASOCIACIÓN DE EX-DETENIDOS DESAPARECIDOS

viernes, 20 de octubre de 2017

La Justicia francesa concedió la extradición del PFA retirado Mario "Churrasco" Sandoval

Integraba un grupo de tareas que actuó en la ESMA durante la dictadura 


La Corte de Apelaciones de Versalles (Francia) concedió hoy la extradición del policía retirado Mario Alfredo Sandoval, solicitada en 2012 por la Argentina, a raíz de un pedido del juez federal Sergio Torres, en el marco de una causa por crímenes de lesa humanidad cometidos en la ESMA durante la última dictadura. Este fallo "renueva la opinión favorable que ya había sido dada por el Tribunal de Apelaciones de París el 28 de mayo de 2014 y más tarde revocada por la Corte de Casación", que la envió a la corte de Versalles para que se expidiera, informó un comunicado de prensa de la Cancillería argentina.

Uno de los casos investigados en la causa es la detención-desaparición del estudiante de arquitectura Hernán Abriata, consumada el 30 de octubre de 1976 por un comando de la Policía Federal en Buenos Aires, al mando del subinspector Sandoval, como denunció en los '80 la madre de la víctima ante la Conadep, señaló la gacetilla. "Es (el fallo de la corte de Versalles) un paso más que damos después de cinco años de espera y a días de cumplirse 41 años de la desaparición de Abriata", dijo a su vez Carlos Loza, miembro de la Asociación de ex Detenidos Desaparecidos y compañero de cautiverio de Abriata en la ESMA, en declaraciones a Télam.

También conocido como "Churrasco", Sandoval está acusado de encabezar el grupo de tareas que operaba en la órbita de la ESMA cuando el 30 de octubre de 1976 entró al domicilio de Elcano 3235 y secuestró a Abriata, estudiante de arquitectura e integrante de la Juventud Universitaria Peronista (JUP).

Vestido con ropa de fajina, Sandoval se identificó ante los familiares del joven, les dijo que pertenecía a Coordinación Federal -principal brazo de la Policía Federal en la represión política- y que llevaba a cabo "un procedimiento de rutina".

Concretado el plagio, Abriata fue conducido a la ESMA, donde compartió cautiverio con Loza, quien declaró en la megacausa ESMA que lo vio con vida hasta enero de 1977 en ese centro clandestino de detención, torturas y exterminio.

"Llegó a la ESMA en noviembre de 1976. Sufrió torturas y la última vez que lo vi fue entre el 4 y el 5 de enero del año siguiente, cuando lo trasladaron junto al matrimonio que formaban Bibiana Martini y Claudio Adur", relató. 

Al finalizar la dictadura, Sandoval se radicó en Francia, donde obtuvo ciudadanía y se diplomó en materia de Seguridad e Inteligencia económica. Trabajó como asesor de los paramilitares colombianos, como colaborador de varias empresas y dio clases en universidades francesas.

La vida de Sandoval (64 años) había pasado inadvertida hasta que su foto apareció publicada en la Argentina y los padres de Abriata lo identificaron como el inspector que acudió a detener a su hijo. 

A partir de ese momento, los profesores de Altos Estudios de América Latina de la Universidad de Marne-la-Vallé, donde se desempeñaba, emitieron una declaración en la cual le reclamaron al Tribunal que concediera la extradición del ex policía en función de la gravedad de los delitos que se le imputan.

Luego de un largo recorrido por el sistema judicial francés, la Corte de Casación decidió en 2015 que el Tribunal de Versalles se pronunciara sobre el pedido de extradición a la Argentina, hoy resuelto de modo favorable.

"Ahora, se espera que Sandoval apele la medida y en ese caso el Poder Ejecutivo francés tendrá la última palabra", informó Loza.

Por su parte, el comunicado de la Cancillería señaló que "el compromiso del Gobierno argentino en la defensa de los derechos humanos y la lucha contra la impunidad quedó ratificado a través del cuidadoso seguimiento del procedimiento iniciado ante el Gobierno y la Justicia de Francia desde la presentación de la solicitud de extradición hasta el acto judicial llevado a cabo hoy, del que participaron funcionarios de la Embajada Argentina en Francia junto a la asesoría legal especialmente contratada".

jueves, 5 de octubre de 2017

La venia de un genocida para la Gendarmería


Astiz usó sus últimas palabras en la causa ESMA para defender a la fuerza de seguridad

El represor Alfredo Astiz habló en el juicio por la megacausa ESMA III. A su repertorio habitual de reivindicación del terrorismo de Estado sumó ahora un intento de vincular la lucha armada de los 70 con la resistencia mapuche y relativizó el operativo en el que desapareció Santiago Maldonado en Chubut. “La guerra contra el terrorismo es sin tiempo", amenazó.

Para Astiz, la RAM es un peligro mayor que la desaparición de Maldonado. 
Alfredo Astiz tomó el micrófono hoy al momento de decir sus últimas palabras en el juicio que investiga 789 crímenes de lesa humanidad. Además de revindicar el terrorismo de Estado, como suele hacer en sus alegatos, ensalzó a la Gendarmería por la supuesta amenaza de "movimientos secesionistas" en la Patagonia y minimizó la desaparición de Santiago Maldonado.

“La guerra contra el terrorismo es sin tiempo, únicamente se pueden ganar batallas”, aseguró el ex capitán de fragata, responsable de infiltrarse en la Iglesia Santa Cruz para secuestrar a las monjas francesas Alice Domon y Leonnie Duquet y a  las principales referentes de las primeras Madres de Plaza de Mayo, entre otros delitos.

”Nuestro país no tenía riesgo de recibir ataques contra nuestra soberanía, sin embargo, últimamente han aparecido en el sur del país movimientos secesionistas que escudándose en ficticias reivindicaciones ancestrales pretenden crear una nación independiente apropiándose de nuestro territorio", expresó hoy Astiz ante el Tribunal Oral Federal 5 de Comodoro Py.

Según Astiz hay una supuesta influencia del Foro de San Pablo que “permanentemente reivindica los movimientos terroristas ocurridos en Sudamérica en los años 70”, y que “casualmente en su última reunión celebrada en Nicaragua  recomendó potenciar en nuestro continente los movimientos indigenistas”.

Para el genocida “es contradictorio” el reclamo por la soberanía en el Atlántico Sur y que al mismo tiempo “ignoremos estos movimientos que pretenden apoderarse de una parte de nuestro territorio continental”. Y no dudó en afirmar que “los movimientos separatistas” pusieron “en evidencia” a “la clase política” por “los errores que cometió en el pasado en la política de defensa, persiguiendo a las instituciones armadas de nuestro país”. Lo cual llevó, según su análisis, a que esa clase política “esté tratando de disimular su negligencia y egocentrismo minimizando el riesgo de esos movimientos”.

Allí pasó a referirse al caso Maldonado, por omisión: "En los últimos graves hechos producidos por los movimientos secesionistas en la provincia de Chubut el principal tema de debate de los políticos en los principales medios no era cuál era el movimiento, ni cuál era su objetivo. El principal tema de debate era si un Gendarme tenía una piedra en su mano o no".

En su alegato, además de trazar una supuesta genealogía entre la guerrilla de los 70 y la resistencia mapuche, Astiz se encargó de decir que no pedirá perdón por los crímenes cometidos en la ESMA. "Los organismos de derechos humanos son grupos de persecución y venganza, nunca voy a pedir perdón", afirmó. También cuestionó la política de derechos humanos del kirchnerismo y afirmó que hubo  "inseguridad jurídica".

El genocida, condenado en 2011 a prisión perpetua por los crímenes del grupo de tareas que integró, habló en el marco de la megacausa ESMA III. Es el tercer juicio por crímenes cometidos en la Escuela de Mecánica de la Armada y el primero que juzga los vuelos de la muerte. Astiz está acusado -entre otros crímenes- por el asesinato de la joven sueca Dagmar Hagelin, secuestrada en 1977 y por cuyo caso hasta ahora sólo fue condenado Emilio Eduardo Massera durante el Juicio a las Juntas.  Hay 63 procesados ante el Tribunal Oral en lo Criminal Federal N° 5. Además de Astiz, figuran, entre otros, Jorge “Tigre” Acosta, Ricardo “Serpico” Cavallo (extraditado de México), Jorge Rádice, Antonio Pernías y Juan Carlos Rolón. Todos cumplen condena por el histórico juicio de hace seis años.

La ESMA fue el mayor campo de concentración de la dictadura. Por allí pasaron cerca de cinco mil personas, la mayoría de las cuales están desaparecidas. Además de torturas y asesinatos hubo violaciones, reducción a servidumbre y robo de bebés y propiedades de los secuestrados. La acción judicial contra los represores se continúa desde la anulación  de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida.

miércoles, 12 de julio de 2017

ESMA: El horror convertido en museo y los oídos sordos ante la voz de los sobrevivientes

A partir del reciente descubrimiento de la inscripción de Hernán Abriata en una de las paredes de Capuchita, organismos de derechos humanos y sobrevivientes de ese centro clandestino de detención reinstalaron el debate acerca de los cambios que se vienen produciendo en el sector del Casino de Oficiales transformándolo en un museo. Fernando Tebele y Víctor Basterra hablaron con El Sueco Carlos Lordkipanidse en el programa Oral y Público de Radio La Retaguardia y repudiaron estas modificaciones.
(Por La Retaguardia)

Lordkipanidse argumentó que al convertir la ESMA en un museo, se pierden marcas importantes para reconstruir las historias de las personas que estuvieron detenidas allí: “Las paredes de la ESMA siguen hablando y nos siguen contando historias. En este caso (el de Abriata) es una historia de amor, pero también es una historia de resistencia y lucha. Yo te puedo asegurar que no era fácil escribir en las paredes a escondidas del guardia un mensaje de amor que vería la luz 40 años después. La verdad que no era fácil para nada. Entonces también fue un acto de resistencia y lucha. No es la única inscripción. Son varias ya las que se descubrieron y no solamente en el ámbito de Capuchita, donde entre otras cosas estaba parte del número de teléfono de una de las monjas francesas secuestradas en la (Iglesia) Santa Cruz”, argumentó el Sueco. Basterra amplió este último dato: “La monja Léonie Duquet en una carta le escribió a un allegado 'si algo me pasa…' y dio un número telefónico. Ese mismo número telefónico, con la misma cursividad que tiene una letra particular, está escrito en una pared de Capuchita. Quiere decir que es ella, es la letra de ella. Está reafirmado en esa carta que mostraba un allegado a ella”, aportó.

Otra de las historias que las marcas en la ESMA nos permitieron conocer fue la de Ernesto De Marco, descubierta en el año 2008. De Marco, militante del partido comunista, siempre pensó que había estado en cautiverio en alguna comisaría, pero a través de esa inscripción en la que reconoció su propia letra pudo confirmarse que su detención fue en la ESMA: “Uno de los lugares donde no se acostumbraba alojar prisioneros era donde estaban las cisternas centrales de agua del Casino de Oficiales, en el sótano del sector 4. Había muy poco espacio ahí como para alojar detenidos. Se ve que en algún momento de sobrecarga de detenidos pusieron gente ahí. Hace unos años atrás, apareció una inscripción con nombre, apellido y una sigla: ‘P.C.’ Fue el compañero (Ernesto) De Marco, un sobreviviente. En ese entonces integrante del partido comunista. Dejó esa marca en uno de los tirantes de hierro que sostienen la estructura. Este compañero no sabía que había estado detenido en la ESMA. A él lo secuestraron, lo llevaron a un centro clandestino de detención y lo tiraron en un sótano al lado de un tanque de agua. No tenía la menor idea que había estado ahí. En un descuido del guardia escribió esta inscripción. Cuando apareció la inscripción supo que había estado en la ESMA. Hasta ese momento no lo sabía”, contó el Sueco en el programa Oral y Público por Radio La Retaguardia.

Disneylandia del horror

La gran crítica de los sobrevivientes contra la conformación de un museo dentro de la ESMA es debido a la obstaculización que ello representa en la investigación de esas marcas que hablan por ellas mismas. Existen, además de las de los detenidos y desaparecidos, inscripciones de los propios autores de los crímenes de lesa humanidad. El Sueco recordó las modificaciones que se llevaron a cabo en el Casino de Oficiales durante la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en el año ’79, y las comparó con los cambios de estos últimos años: “¿Quién no tiene conciencia de que si entra a algún calabozo de cualquier comisaría está lleno de inscripciones por todos lados? Es una cosa que suele hacer cualquier detenido. Desde el preso común más zaparrastroso hasta el preso político más famoso. Todos dejan una huella por el lugar donde han pasado. A eso no se le ha dado la investigación profunda que el caso requiere. El Casino de Oficiales ha albergado prisioneros en muchos más sectores que el sector de Capucha, Capuchita o el Sótano. Es más, en uno de los dormitorios de los oficiales y al poco tiempo de que la ESMA fue ‘recuperada’, se ha encontrado una inscripción de un oficial que decía 'nos obligaron a hacerlo', escrita en la puerta interna de un placard. Falta tantísimo por investigar que es una pena que todo eso lo hayan tapado, como está ahora. Cualquiera que vaya a ESMA se da cuenta que eso, como bien definió Víctor en su momento, lo convirtieron en la Disneylandia del horror. Está todo absolutamente tapado y no hay ni siquiera la posibilidad de descubrirlo casualmente, que uno vaya caminando y se dé cuenta que hay algo escrito en la pared. Está obstaculizada la visión de tal manera que me hace acordar a cuando vino la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y transformaron toda la ESMA para que no pareciera que era la ESMA, el Casino de Oficiales particularmente. Entonces pusieron tabiques, cambiaron paredes de lugar, cerraron agujeros de puerta, eliminaron escaleras, el ascensor y toda una seria de cosas para tapar. Me pregunto yo, cuánto hay de querer tapar la historia en esto de haber modificado el Casino de Oficiales al estado en el que se encuentra hoy y donde estos descubrimientos son de casualidad. Han pasado un montón de años y resulta que recién ahora aparece la inscripción de Hernán Abriata. A mí me parece insólito. Algo que se escribió en el año '76 y todavía sobrevive. ¿No hay una posibilidad de una no modificación del espacio de ese lugar que es una parte tan importante de la historia?”, planteó Lordkipanidse.

Además, se mostró molesto con el Juez Sergio Torres, quien está a cargo de la Instrucción en el juicio de la Megacausa ESMA, por ser el responsable de habilitar estos cambios: “Yo por el juzgado de Torres no aparezco hace rato. Sobre todo a partir de que fue él quien dio la autorización, porque es él quien decide, hace y deshace respecto de todo el predio de la ESMA. Fue el que dio la autorización para que se hagan las modificaciones que se hicieron en el Casino contra la opinión del Tribunal Oral Federal N° 5, que es el que está llevando a cabo el juicio ESMA, contra la opinión de los sobrevivientes, de montones de personalidades y organismos de derechos humanos que pidieron por favor que ese lugar en particular no lo toquen -más allá de que no habría que tocar ningún lugar de la ESMA-. Fue el juez Torres el que permitió que se hicieran las modificaciones porque dice que son estructuras móviles, que se pueden sacar”, explicó.

Por cómo está presentado el lugar, Lordkipanidse opinó que es imposible investigar sobre otras posibles marcas de personas que hayan pasado por aquel centro clandestino: “Por la ESMA ha pasado cantidad de gente en forma circunstancial. Recuerdo claramente una oportunidad en que llevaron detenidos a una cantidad impresionante de gente que vivía en la villa del Bajo Flores. Fue una redada al voleo y seguramente al día de hoy no saben que estuvieron detenidos en la ESMA. Me quiero imaginar si alguno de ellos en un descuido del guardia no agarró un clavito, una agujita o con la uña y escribió sus iniciales en algún zócalo o donde sea. Eso lamentablemente hoy, como están las cosas, no se puede investigar”, expresó. Víctor Basterra se mostró de acuerdo con la opinión del Sueco, como la mayor parte de los sobrevivientes, y también lamentó el hecho de que hayan transformado el lugar donde estuvieron detenidos, al punto de desconocerlo: “Es así. Eso ha sido un arrebato de soberbia absoluta que llevaron adelante quienes llevan adelante eso, cagándose en toda la opinión de los sobrevivientes fundamentalmente. Uno ahora va y en algunos aspectos es irreconocible. No tiene sentido. Produce confusión. Más cuando uno anda por Capucha con ese maderado que han hecho y lleno de sonidos. Era un lugar de angustia, de mucha tristeza y eso lo convierte en algo que no es un centro clandestino, por lo menos no el que uno conoció”, reflexionó.

Lordkipanidse mencionó otro de los motivos por los que se opone a la concepción de ESMA como museo basándose en que muchos de los relatos de testigos que existen sobre ese lugar fueron de gente que no pudo ver lo que había, pero sí recuerda la disposición de los sectores: “La Comisión Interamericana llegó a la ESMA a constatar acerca del lugar por las denuncias que había en el mundo. Entre esas denuncias había algunas que implicaban el relato de sobrevivientes que desde que entraron hasta que salieron nunca les sacaron la capucha, pero tenían esa memoria del ciego. Esto bien lo sabemos nosotros que hemos estado ahí. Sabemos la cantidad de escalones que hay entre Capucha y el Sótano. Estos relatos eran de un ciego. Decía ' tantos escalones para abajo, doblar a la derecha, hay una puerta y por esa puerta se accede al sector tal'. Yo digo, si esa persona hoy le ponés una capucha y lo largás en medio de la ESMA se pega contra los vidrios y contra los televisores. Eso es para hacer entender claramente a quien no ha ido a la ESMA ninguna vez, ni antes ni ahora, cuál es la diferencia entre una situación y la otra. Por otro lado, lo que a mí me tiene realmente muy enojado es el uso indebido de los testimonios de los sobrevivientes. Yo no le niego mi testimonio a nadie. Se lo di a la Justicia y si hay cosa reaccionaria, jodida y gorila en este país son los jueces. Resulta que pusieron mi testimonio como si yo aceptase eso que está ahí, implícitamente. Yo no acepto eso que está ahí y no acepto estar ahí y ser utilizado en esos términos. A mí me da mucha bronca y no lo puedo evitar. Me produce una contradicción muy fuerte. Me niego a no dar mi testimonio en todas partes, pero en este lugar en particular lo que hacen es un usufructo respecto de una situación en la que he luchado desde el primer momento. Desde el primer momento que estoy en contra de lo que han hecho en la ESMA”, reafirmó el Sueco, contando esta objeción surgida por lo que considera una mala utilización de su memoria.

Sobre el asesinato de Elsa Marta Sosa de Fagetti

Cambiando el foco de conversación, Lordkipanidse dio su opinión acerca de los motivos del crimen de Marta Sosa, querellante en un juicio de lesa humanidad y asesinada semanas antes de que se conozca su sentencia, y criticó la posición que tomó al respecto Javier Fagetti, hijo de Marta: “Me preocupa muchísimo. Sobre todo la actitud de la familia que agarra y emite un juicio que hace definitiva la cosa. Se trata del asesinato de una sobreviviente y de una testigo en una causa que estaba en pleno desarrollo en ese momento como ocurrió en el caso de (Jorge) Julio López; en la misma etapa, a punto de terminar. Ocurre que cuando uno emite un juicio de esas características respecto a lo que a mí me parece o lo que yo considero, tengo que tener en cuenta lo que piensas los demás. Yo tengo muy en cuenta lo que piensa la familia acerca de esto. Si la familia no tiene en cuenta de que esto no es un caso aislado sino que es el tercer caso que se da -Julio López, Silvia Suppo y este otro caso- referidos a testigos y sobrevivientes directos del genocidio, me parece que nos estamos saltando un paso. Es una cuestión de respeto. A esta altura no es que me cause temor, no es que me dé miedo, pero me pongo en el lugar de mucha gente que recién ahora empieza a abrir el libro de su historia porque ha tenido mucho temor durante muchos años y que de golpe ocurran estas cosas. Cómo los afecta a la hora de dar testimonios. Se preguntan qué puede pasarles si dan su testimonio. Y estas cosas te pueden pasar. Resulta que deslindar completamente la posibilidad, sacarle el contenido político a lo que ocurrió, me parece una burrada, una falta de respeto. Me parece haber pasado por encima tantos años de lucha contra la impunidad. Lo lamento mucho. Suele pasar que la familia desde su dolor diga 'mi hijo no era un terrorista, esto no fue un hecho político' y cosas por el estilo. No me extraña. A pesar de tantos años de esfuerzo no hemos logrado revertir este tipo de cuestiones”, cerró.